RADA A SEREMI DE ENERGÍA: PARA PROTEGER EL CLIMA, WTE ARACUANÍA DEBE SER RECHAZADO

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En audiencia sostenida el lunes 16 de agosto de 2021, la Red de Acción por los Derechos Ambientales junto con dirigentes de comunidades mapuche de Lautaro, expusieron al SEREMI de Energía Erwin Gudenschwager Jimenez los fundamentos para el rechazo del proyecto WTE Araucanía.

Dentro de las razones para el rechazo se encuentran los riesgos a la salud de las personas y el ambiente, la incompatibilidad del proyecto con el Plan Regulador de Lautaro, la incompatibilidad del proyecto con las políticas nacionales y regionales de manejo de residuos, los impactos no abordados en las comunidades mapuche del sector, entre otras. En especial la organización hizo hincapié en los temas de competencia de la SEREMI de Energía en relación al proyecto como fuente de generación de electricidad.

La incineración contribuye al cambio climático

Al tratarse de un incinerador del tipo WTE (waste to energy, o “de basura a energía”), hablamos en el fondo de una termoeléctrica que opera con basura como combustible (además del petróleo adicionado para el proceso de quema). Al comparar los incineradores WTE con las termoeléctricas a carbón, petróleo o gas, los incineradores de basura son los sistemas que emiten más CO2 por unidad de energía generada.

Gráfico 1: U.S. EPA, http://www.epa.gov/cleanenergy/energy-and-you/affect/air-emissions.htm

En específico el proyecto WTE Araucanía generaría como mínimo 186.000 toneladas de CO2 al año, 509 toneladas de CO2 al día, convirtiéndose en un importante aporte y nueva fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en Chile.

Además de las emisiones por la quema de basura, los incineradores contribuyen al calentamiento global al destruir materiales que podrían ser reciclados o compostados, impidiendo que se materialicen estas actividades. De hecho, el reciclaje del plástico PET ahorra hasta 26 veces la cantidad de energía que se puede generar al incinerarlo (ICF Consulting, 2005).

Aunque el proyecto WTE Araucanía afirma que su objetivo es quemar solo basura (no reciclable ni compostable), dado que no hay sistemas de separación en origen y recolección diferenciada de reciclables y compostables en la región, es imposible que solo llegue la fracción basura al incinerador, por lo que dicha afirmación es completamente falsa. Además, los materiales reciclables son importantes para el proceso del incinerador, ya que son los que mayor poder calorífico tienen y que por tanto reducen la necesidad de inyección del combustible auxiliar (petróleo).

La incineración también promueve el cambio climático ya que requiere la extracción de nuevos bienes naturales en forma de materia prima virgen para ser transformada en bienes de consumo masivo que se terminan transformando en basura para alimentar los incineradores.


La incineración es una fuente de energía sucia e ineficiente


La eficiencia de los incineradores es de entre el 19% y 27%[1]. Muchos operadores de incineradores se han dado cuenta que la energía generada es apenas un poco mayor a la necesaria para mantener el sistema en funcionamiento. Además de gases de efecto invernadero, los incineradores generan sustancias mucho más tóxicas que la basura misma que se quema. De hecho, se crean nuevas sustancias que no estaban originalmente en la basura, como las dioxinas y los furanos, tóxicos cancerígenos que se bioacumulan y biomagnifican. Otras sustancias como los metales pesados, son transformados en micro y nanopartículas que, luego de ser liberadas al ambiente, reaccionan mucho más con los seres vivos de lo que lo hacían cuando estaban en la basura sólida, generando una gran diversidad de enfermedades en las personas, y contaminando el ambiente de manera permanente.

Los incineradores de residuos sólidos son la forma más cara de generación de electricidad.

En los Estados Unidos donde las tecnologías WTE existen y van en retroceso, los costos de la generación de electricidad a partir de incineradores de residuos son el doble del de las termoeléctricas a carbón, y más de 60% más altos que el de las plantas de energía nuclear.[2] Los costos de las operaciones de los incineradores incluyendo la mantención de las instalaciones, son diez veces mayores que los de las termoeléctricas a carbón, y cuatro veces mayores que los de las plantas de energía nuclear. Además de los elevados costos de construcción que en los Estados Unidos son del orden de los 500 millones de dólares, muchos incineradores necesitan cientos de millones de dólares para actualizar sus sistemas de control de la contaminación.[3] El proyecto WTE Araucanía sin embargo cuesta 80 millones de dólares[4]. Su bajo costo de inversión en comparación con los costos de los incineradores de última tecnología, es un reflejo de los riesgos que este proyecto presenta para la región ya que no alcanzaría los estándares que promete en prevención y abatimiento de la contaminación.

Los compromisos de Chile en la agenda mundial de reducción de emisiones de efecto invernadero

En la Contribución Determinada Nacional de Chile (NDC) actualizada al año 2020, Chile se compromete a alcanzar la carbono neutralidad para el año 2050. Para ello, Chile debe conseguir una disminución sostenida de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), junto con mantener los sumideros naturales de carbono. Dado que el proyecto WTE Araucanía sería una nueva e importante fuente de emisiones de GEI, generando más de 500 toneladas diarias de CO2, es incompatible con los compromisos de Chile en materia de mitigación del cambio climático y dificultaría su cumplimiento de ser aprobado.

Otro compromiso de Chile es el desarrollo de la Hoja de Ruta Hacia la Economía Circular. En este documento que ya se encuentra vigente, la incineración de residuos con recuperación de energía queda fuera, estableciendo expresamente que “No se recomienda incorporar Waste to Energy (…) en la Hoja de Ruta, considerando razones tales como: los costos asociados con este tipo de instalación, los posibles desincentivos que generan para el reciclaje y los posibles impactos negativos para comunidades”. (Hoja de Ruta Economía Circular, p.82).

Por último y a la luz del último informe del IPCC que activa una alarma de urgencia frente a las medidas que debemos tomar como humanidad para limitar la elevación de la temperatura del planeta a 1,5°C, donde todos los esfuerzos son necesarios y la reducción desde ya de los GEI es un imperativo, la organización y las comunidades solicitaron al SEREMI rechazar el proyecto WTE Araucanía cuando sea sometido a votación prontamente en la Comisión Evaluadora Ambiental de la región de La Araucanía.

La respuesta del SEREMI

Ante la solicitud de la organización y las comunidades de rechazar el proyecto WTE Araucanía, el SEREMI de Energía Erwin Gudenschwager señaló que su ministerio se preocupa de tres cosas: la rentabilidad económica del proyecto, el cumplimiento de las normas ambientales, y la factibilidad social de su implementación. Ante este último punto, la dirigenta de RADA Alejandra Parra le recordó al SEREMI que este proyecto cuenta con más de 16.000 observaciones ciudadanas en contra, siendo el proyecto más rechazado por la ciudadanía en la historia del sistema de evaluación de impacto ambiental de La Araucanía, una fuerte razón para que sea rechazado por esta secretaría regional.

Humberto Huenchunao, dirigente de la comunidad Juan Huenchunao de Lautaro, le explicó al SEREMI la importancia de rechazar el proyecto en vista de la catástrofe ambiental que vivimos a nivel planetario, la escasez de agua que vive la región, y los permanentes daños ambientales causados por proyectos de inversión, y cómo las instituciones chilenas deben aprender de la cosmovisión mapuche que apunta a la protección de todas las formas de vida, cuestión necesaria para asegurar nuestra propia sobrevivencia.

La estrategia basura cero

Ante la pregunta del SEREMI sobre las propuestas de la organización en materia de gestión de residuos, les integrantes de la RADA le explicaron que llevan 10 años promoviendo la implementación de la estrategia Basura Cero, que subvierte las prioridades de gasto público en el manejo de residuos para poner como prioridad la recuperación de materiales en lugar de la disposición final. Así, la recuperación de los compostables (más de la mitad de los residuos) y de los reciclables (20% de los residuos) deja de ser marginal y se transforma en lo fundamental del manejo de residuos, dejando la disposición final como la acción marginal y desarrollando acciones que la reduzcan progresivamente. Esta estrategia se ha implementado en cientos de ciudades en el mundo, donde los pilares son siempre la educación y sensibilización ciudadana (incluyendo las instituciones), la separación en origen, la recolección diferenciada puerta a puerta, y el tratamiento de los residuos en centros de compostaje, lombricompostaje, biodigestión anaeróbica, y acondicionamiento de los materiales reciclables. En esto último, el reconocimiento de les recicladores de base es fundamental para cumplir con el principio de justicia social y ambiental que sostiene la estrategia basura cero.


[1] http://www.esauk.org/application/files/6015/3606/4851/thermal_treatment_report.pdf

[2] U.S. Energy Information Administration (Department of Energy), Updated Capital Cost Estimates for Electricity Generation Plants, November 2010. http://www.eia.gov/oiaf/beck_plantcosts/pdf/updatedplantcosts.pd

[3] https://www.no-burn.org/wp-content/uploads/Burning-Public-Money-GAIA-2011_2.pdf

[4] https://seia.sea.gob.cl/expediente/ficha/fichaPrincipal.php?modo=normal&id_expediente=2132461510

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